sábado, 18 de julio de 2015

EL USO DE OBJETOS A LA HORA DE CONTAR

Hace muchos años estaba sumergido en el mundo de las técnicas corporales, entiéndase danza, expresión corporal, movimiento para actores, yoga y otra serie de disciplinas artísticas, o no, en las que el cuerpo tiene particular protagonismo.
Recuerdo que en una clase, mientras transitaba el primer año de teatro-danza, en el estudio de Ana Itelman, después de bailar una coreografía creada por el grupo en el que estaba, bajo la consigna de usar ciertos objetos, la profesora nos dijo -"ahora dejan los objetos y la bailan sin usarlos". Luego de acabar esta segunda versión de la coreografía y ver que, a pesar de no utilizar esos objetos, no cambiaba en lo más mínimo los movimientos nos miró, miró los objetos y nos dijo - "No eran necesario ¿verdad?"
Por supuesto que tratamos de argumentar que aunque no variaran los movimientos, la narración que se componía quien viera la coreografía no era la misma. A lo que ella concluyó con un "se trata de bailar y si se usan objetos, estos también deben formar parte del movimiento"
Tiempo después, por razones de peso (esto en sentido metafórico y literal) me fui alejando de la danza y entrando en la narración oral o el arte de contar historias de viva voz.
Cada tanto me asalta una inquietud ¿por qué utilizar objetos para contar historias de viva voz?
Por un lado no lo creo necesario en absoluto, digamos que ya tenemos bastantes herramientas naturales en nosotros mismos como para necesitar ese apoyo externo.
Por otro lado, veo algunas personas integrando los objetos tan maravillosamente que no me los imagino contando si ellos.
También he  oído que en algunas corrientes o culturas el uso de objetos o láminas forma parte fundamental de la manera de contar. Por ejemplo, la técnica del kamishibai es la que me viene a la cabeza sin lugar a duda, pero hay otras.
En Colombia vi contar a Juanita rodeada de unos muchachos corpulentos y guapísimos tocando los tambores y, a pesar que parecía que harían desaparecer a aquella mujer mayor y pequeña, a los pocos segundos todo se integraba de tal manera que solo veías a Juanita y sus historias.
Pues no sé: algunas veces me llaman ortodoxo cuando defiendo el arte de contar historias lo más limpio posible y yo prefiero que se me llame purista, pues en eso sí que me reconozco.
Me gusta la narración oral lo más pura posible, disfrutar de ese encuentro entre la persona que cuenta y las que escuchan sin abalorio ni intermediarios. 
No voy a negar que muchas veces, al escuchar algunas personas que cuentan con objetos siento que si los quitaran sería imposible poder contar de esa manera.
Pero muchas otras no hago más que esperar que dejen esos objetos que entorpecen el fluir de la historia o que llaman tanto la atención que parece más un poema objeto en movimiento torpe que una historias contada en viva voz.
En muchos casos al preguntar ¿por qué usas objetos para contar? la respuesta que recibo es "a los niños les gustan los colores y necesitan del movimiento de los objetos para centrar mejor la atención". Entonces pienso "a los niños les gustan los columpios, los helados, las bicicletas, los trenes, las patatas fritas, los aviones y muchas otras cosas... ¿Por qué no usamos todo lo que a ellos les gusta? ¿Por qué no confiamos en que a los niños pueden gustarle las historias contadas de viva voz? ¿Por qué no confiar en nuestro oficio lo más puro posible?"
Entiendo el arte de contar historias de viva voz como una disciplina artística, entonces estamos hablando de una propuesta estética basada en las habilidades del artista en cuestión.  A nadie se le ocurre tocar el piano si no es pianista o estudiante de piano y mucho menos construirlo a no ser que sea luthier. El hablar de objetos nos plantea una propuesta plástica para su elaboración y una técnica adecuada para su manipulación o animación.
¿Qué tiene el piano que no tengan los objetos?  ¿Por qué ciertas técnicas puedes saltarse el entrenamiento y otras no?
¿Objetos si? ¿Objetos no?  Esa no es exactamente la cuestión.

Sólo recuerdo la frase de Ana Itelman diciendo "ahora dejan los objetos y la bailan sin usarlos" y si descubrimos que no hacen falta, que no forman parte de ese juego compartido, quizás sería mejor pensar qué hacemos... si los quitamos o entrenamos jugando con ellos y las historias hasta que no sea lo mismo contarla sin ellos.

lunes, 12 de noviembre de 2012

MALETA PERDIDA... AIRES NUEVOS


Hace un par de semanas al volver de contar por Extremadura, me bajé del autobús y para mi sorpresa mi maleta no ya estaba.
Pasado el primer momento de incertidumbre, de desconcierto y de tratar de entender la situación, fui a la ventanilla de la compañía de transportes para ver cuáles eran los pasos a seguir por si, habiendo una confusión de algún pasajero,  la maleta hacía una satisfactoria reaparición en mi vida.

Cuando pasados unos cuantos días la maleta se declara claramente desaparecida, empiezo a recordar que cosas había en ella que hubiera que sustituir prioritariamente. Allí estaba la ropa de la vida entremezclada con la ropa de contar y con el kit de contar, que por primera vez viajaba en la maleta y no en mi bolso de mano. En estas estaba cuando recibo un mail de una bibliotecaria diciéndome que me había dejado mi pañuelo de contar en la biblioteca. Cosas del destino, claramente la pérdida había empezado con un olvido en una estantería de la biblioteca, para continuar con la desaparición de la maleta.
Mirando un poco hacia atrás hace un tiempo que mi reloj de bolsillo comprado en el pueblo de mi abuelo Giuseppe, que usaba para contar, había dejado de funcionar. Ahora veo esto como un primer anuncio de “algo hay que revisar”, además de ver si algún relojero me lo limpia para que vuelva a funcionar ya sea para medir el tiempo de las sesiones o para acompañarme en las horas de mi vida.

Este fin de semana, viendo que no hay necesidad de una sustitución inmediata, porque no hay sesiones en los próximos meses, me doy cuenta que ya era hora de revisar un poco esas cosas que se perdieron con la maleta.
Paralelamente a esto me puse a ver algunos videos de sesiones que tenía grabadas para medir tres cuentos de 15 minutos que presentaré en una sala de micro -teatro en Santiago de Compostela  algunos días de este mes de noviembre.
Mirando videos del último año, revisando mentalmente el material perdido y encontrándome con viejos videos de cuando aún era un joven contador de historias, empecé a pensar en varias cosas.

Por un lado que renovarse es vivir y que puede que estuviera demasiado perdido más que encontrado en un laberinto que yo mismo había construido.
Entonces lo primero fue pensar si el naranja de mis camisas para contar sigue siendo el color adecuado o ya es hora de ir buscando otro.

Por otro lado aparecieron unos pequeños tapices de mola (una técnica que según parece es colombiana) que me hicieron sacar el costurero y ponerme a coser para fabricar mi nueva bolsita de los objetos de contar, que ya veremos cuáles son en esta nueva etapa.

Una renovación completa en medio de mi nueva búsqueda de la performance de evocación oral, de la cual se perdieron solo los zapatos que eran de algún modo el punto de encuentro entre mi nueva búsqueda y el transito anterior. Evidentemente los zapatos de ambas cosas no pueden ser los mismos,  está claro y habrá que ponerse a buscar dos pares, uno para cada camino ya que son terrenos diferentes.

Mirando las variadas listas de historias para contar, guardadas en libretas y en el ordenador, confirmo que en cada época las historias ocupan un lugar distinto en las listas. Algunas veces son la estrella de la lista, otras son historias a revisar, otras a desechar (aunque luego vuelvan a tener un lugar de privilegio) y algunas ya no sé ni de que iban y fueron muriendo solas. Seguramente contaban algo en su momento que ya no está dentro de mi discurso interno a compartir.
Al ver viejos videos vi las primeras versiones de algunas historias que aún conservo en el repertorio y que forman parte de las primeras de la lista actual. En esas primeras veces se ve el desparpajo de lo nuevo, de lo improvisado, esa sensación de que es la historia quien domina al narrador y no el narrador a la historia. Esto me lleva a pensar que no es bueno ni  tanto ni tan poco. Que en esas versiones las historias están claramente inacabadas, pero que cuando están demasiado acabadas deben reposar un poco para no perder cierto grado de frescura y de sorpresa.  De algún modo también veo que esta extraña realidad de ir achicando el repertorio con el paso del tiempo no es casualidad, que las historias que perduran crecen, cobran otro sentido, tienen su gracia en los matices y que da gusto contarlas porque con el tiempo se han completado y a pesar de estar supuestamente acabadas están siempre dispuestas a hacer un giro inesperado y cambiar el sentido sin perder la esencia.

Salir a mirar escaparates y mirar las viejas listas me hace revisar un oficio que llevo desarrollando hace unos veintidós años y que me pide que lo mire desde un nuevo punto de vista, ahora que ya me voy haciendo mayor, que ya tengo siete sobrinos nietos, que solo quedan un par de personas de la generación de mis padres en la familia y que busco nuevas propuestas para entablar una nueva manera de comunicarme con el público.

Mientras veo que hago con mi último trabajo “MALETA CUATRO ESTACIONES – performance de evocación oral” e investigo el camino de la performance oral. Mientras sigo buscando en mi interior historias que puedan pasar al papel para convertirse en libros. Las cosas que de pronto desaparecen de mi vida en lo tangible me llevan a revisar mi relación con el arte de contar historias de viva voz, un arte intangible que me ha dado grandes satisfacciones y que seguramente tendré que renovar para que me las siga dando.

Estoy seguro que cada cosa sucederá cuando tenga que suceder mientras vuelvo por segunda vez en este año a mi trabajo de actor, antes con la compañía La Carátula y ahora con la compañía Berrobamban, que me acogió como director en mi llegada a Galicia y que hoy me devuelve los nervios de volver a subirme al escenario para volver a mi orígenes teatrales de actor de teatro para público infantil.

La vida da muchas vueltas hay que tener las manos firmes dispuestas a mover el volante y bien puesto el cinturón de seguridad, por si las moscas.

 

 

sábado, 4 de febrero de 2012

Nuevas respuestas obtenidas antes y después de la sesión

El viernes 20 de enero presenté la sesión "CONTAR POR CONTAR" en la sala ALMAZEN de Barcelona. Allí utilicé las respuestas a las cuatro preguntas que puse en facebook durante los cuatro días anteriores.
EL mismo día antes y después de la sesión las personas asistentes tuvieron la posibilidad de contestar a las cuatro preguntas.
Aqui van esas nuevas respuestas.
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Respirar para estornudar, suspirar, susurrar, alentar, roncar, sonar, inspirar.
¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Por si acaso… ¡y mucho!
(Patricia McGill)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
¿Para vivir?
¿Por qué amasar en los tiempos que corren?
¿Para vivir?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
¿Para vivir?
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
¿Para vivir?
(Anónimo)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Porque un cuento te alegra el alma y necesitamos alegría!
¿Por qué amasar en los tiempos que corren?
Para sentir la masa entre los dedos y saber que estamos construyendo algo.
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Para liberar el cuerpo y la mente de las decepciones.
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Porque tenemos que seguir viviendo, aunque solo sea por curiosidad.
(Anónimo)

¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Porque el baile nos conecta con los ángeles, nos une con las nubes y hace que el tiempo tienes el ritmo justamente adecuado a los que necesitamos. Nos permite comunicar todos los sentimientos que no tienen palabras… y no importa el idioma que hablas… así nos entendemos, una cosa muy importante para los tiempos que corren.
(Anónimo)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Porque ya nos cuentan muchos cuentos los que mandan. Es preferible que los contemos nosotros, seguro que iremos mejor.
¿Por qué amasar en los tiempos que corren?
Para comer algo sano? Para que nos pillen con las manos en la masa.
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Lo de bailar no, que los arrítmicos lo tenemos prohibido.
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Para que no ser solo aire.
(Anónimo)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Para descomprimir el ambiente de otros cuentos terroríficos de los que nos hacen “actores-víctimas”.
¿Por qué amasar en los tiempos que corren?
Porque lo menos que podemos hacer es alimentarnos y alimentar con amor y esmero.
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Para aligerarnos el alma.
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Porque es imprescindible para seguir viviendo y no dimitir de todo lo fantástico que nos espera cada día (sorpresa!!!)
(Anónimo)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Contar y descontar. Por huir de los números.
Descuento…
Por amor a las palabras.
Cuento…
(Anónimo)

¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Bailar en los tiempos que corren…
Dejar que la luz marque el ritmo y que los latidos muevan los pies…
Es necesario bailar en los tiempos que corren para sentir que aun hay una música en el corazón!!!
(Anónimo)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Los tiempos corren, galopan. Los cuentos nos hacen mantener el equilibro sobre la montura!!!
(Mac Novara)

¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Porque no hay que perder el arte de viajar con las palabras.
¿Por qué amasar en los tiempos que corren?
Porque amasando colocas en el pan lo que más te gusta.
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Porque bailando nos liberamos. El cuerpo expresa por sí solo. Es fantástico!!!
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Porque es imprescindible para seguir viviendo.
(Anónimo)
Si alguien encuentra aqui sus respuestas y prefiere que aparezca su nombre no tiene más que decírmelo.
Muchas gracias por las respuestas.

jueves, 19 de enero de 2012

RESPUESTAS A MIS PREGUNTAS EN FACEBOOK

Hola.
Durante unos días tuve estas preguntas colgadas en facebook, con el fin de utilizar las respuestas en el comienzo de la sesión "CONTAR POR CONTAR" que se realizará en la sala ALMAZEN en Barcelona, el día 20 de enero de 2012 a las 21 hs.
El motivo de estas preguntas fue el siguiente. Le puse "CONTAR POR CONTAR" como título a la sesión, pero luego me dí cuenta que el primer contar se entiende perfectamente como acción de contar en si misma, pero que el segundo contar no queda tan claro porque encierra los misterios de la acción, de alguna manera el por qué de esta acción.
Asi que para que se entienda esto de "CONTAR POR CONTAR" intenté recopilar respuestas con la pregunta ¿Por qué contar en los tiempos que corren?
Dadas las respuestas obtenidas vinieron a mi cabeza otras dos preguntas:
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
Dentro de las respuestas a estas preguntas apareció otra
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Lanzadas estas cuatro preguntas en facebook, obtuve las respuestas que se pueden leer a continuación o en la sala AlMAZEN, en Barcelona, mañana 20 de enero a las 21hs.

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque la realidad es increíble e insoportable:)” (José Luis Cano Palomino)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Para que todos podamos seguir viviendo. Con un cuento, casi seguro que no le cambiaremos la vida a nadie. Como, tampoco cambiaremos mucho la nuestra. Pero, al menos, abriremos las puertas y ventanas de nuestros sentidos y nuestros sentimientos para percibir que hay una vida diferente. Ni más, ni menos: Creando y recreando siempre, nunca repitiendo. Así me lo contaron y, así, se los cuento” (Armando Quintero Laplume)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Los cuentos son caricias que de la vida y las caricias son siempre necesarias y no tienen fronteras!!” (Eli Bello)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque a través de los cuentos se viven nuevas experiencias, se entra por la puerta grande al país de la fantasía y aprendemos a conocer nuevas culturas, nuevas sensaciones… y, porque al fin y
al cabo, todos seguimos siendo niños” (José Antonio Teodoro Leva)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Por reivindicar el uso de bellas palabras” (Martha Escudero)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Por curiosidad” “Y para vivir otra realidad, o la misma pero vista desde otro lado”
(Martuca Chiara)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Porque hay que vivir los tiempos que corren. Creo que no hay vales para otros. jaja”
(Pili Fernández García)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque os tempos corren, pero os contos permanecen” (Ana Carreira Varela)

Tres respuestas por pregunta. A saber….
¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
1-Porque los tiempos corren siempre
2 – Porque, si la CRISIS es una oportunidad, lo es para contar cuentos.
3 – Porque los cuentos cuentan la vida y su reverso, la no vida.
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
1 – Porque la masa se logra con masaje y el alimento así logrado ofrece sosiego.
2 – Porque son días de llamarle, por fin, pan al pan y brindar por ello con buen vino.
3 – Porque la alegría es de la vida salsa que necesita de buen pan para celebrarla.”
(Fernando Valverde Sánchez)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque no contarlos aumenta la prima de riesgo!!! Jajajaja” (Matilde Magdalena)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Porque es mucho más sabroso hacer la masa, darle su tiempo, volverla a amasar y luego esperar el aroma que te impregna todo del pan que se hornea. No es lo mismo de panadería. Se lo aseguro. Es como la empanada casera o la simple torta frita: huele a casa.”
(Armando Quintero Laplume)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Porque es un ejercicio de amor, a la masa le tienes que dar lo que pide, no lo que tú crees que necesita.” (Martha Escudero)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Para ventilar la casa cerrada… Para sentirnos cómplices con los demás que escuchan y luchan. Por amor…” (Carlos Sáez)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque es el alimento más simple al que primero echamos mano cuando la panza (o la tripa, como dicen ustedes) hace ruido; ¿por qué contar cuentos? porque es el alimento más simple, uando el alma hace ruido” (Liria Arroyuelo)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Hay que amasar pan en los tiempos que corren porque… precisamente ahora, hay que “meter la mano” a la masa hasta pringarse bien para que el “panpresente” salga rico, rico, rico.”
(Carlos Sáez)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Hay que amasar pan porque en los tiempos que corren los niños ya no vienen con un pan abajo del brazo…” (Patricia McGill)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque con las palabras a las que podemos acceder todos, pues son muy baratas, sin movernos de nuestra silla damos la vuelta al mundo, construimos castillos, combatimos piratas, presenciamos fantasmas, lloramos un poco, y todo gracias a la magia de las palabras, por eso
siempre habrá un cuento y un cuentero” (Anyela Mary Valencia Estupiñan)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque todos estamos hechos de historias y necesitamos ecos que nos envíen a nosotros mismos, a nuestras recuerdos y que nos unan con el resto de historias en un aplauso común…” (Mariana Otero)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Para no comernos el de Punset” (Alberto Sebastián)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Porque contar y amasar todos es empezar. Unos alimentan el alma y los otros el cuerpo. Porque los dos son esenciales al ser humano y lo han acompañado desde tiempos inmemoriales. Y porque estos son tiempos de comienzos, así que a contar y a comer pan.” (Patricia Picazo de Fez)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque justo en estos tiempos que parece que nos caemos todos es cuando más hay que levantarse y seguir. Por ejemplo, contando.” (Marcos Estebo)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Escuchar cuentos y contarlos es una solución a problemas y dificultades que tenemos las personas en cualquier momento de nuestras vidas” (Sara Ivars Asturiano)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“porque por un ratito podemos vivir en otro mundo…” (Shara Martínez)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Es lo mismo que preguntar ¿Por qué respirar en los tiempos que corren? Uno no puede dejar de hacer lo que es necesario para la vida, cuando uno cuenta y se comparte y va armando historias con él o los que escuchan y tejiendo historias y vivencias” (Luis Ramírez)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Para que los tiempos dejen de correr y se hagan más a nuestro ritmo”
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
“Para lo mismo que contar y amasar” (María Eugenia Bergara)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
“Para ver las cosas desde ángulos distintos, en los tres casos” (Isabel Benito)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“En los tiempos que corren podes comprar pan hecho del gusto que quieras y podes comprar cuentos del lugar del mundo que quieras, pero cuando uno cuenta un cuento o amasa el pan le pone su sello personal. En ese cuento y en ese pan van parte de uno, de su historia, de su forma de ser y de sentir y eso no se puede comprar, porque viene con uno y sólo uno puede darlo. Por eso aunque se usen las mismas palabras o se utilicen los mismos ingredientes no hay como un cuento contado por mamá… y no hay quien iguale el sabor del pan de la abuela…”
(Laura Mantero)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque cuando cuento o escucho contar:
Tengo esa sensación de ansiedad de caballero del Rey Arturo congregado a la mesa redonda, ¿no?, esa sensación de que, por un ratito, nos sacamos la “otredad” para defender la capa y la espada de la gran causa (no sé cuál será. ¿será humanidad?). No importan nada los que no me
quisieron, los que me quisieron mal, los que me quisieron distinto de cómo yo quería que me quisieran: when I’m in story, ¡YO LOS QUIERO! Entonces, no hace falta nada más: La bruja que en los adentros mezquinos siempre está siseando: Y vos, mortal buena para nada, ¿vos, vos cómo vas a validar tu paso por el mundo, eh? No tiene absolutamente NINGÚN poder. Si la historia es buena, ¡se acaban los enemigos! ¿Por qué viste ese dicho que un enemigo es alguien cuya historia
aún no hemos escuchado? Recupero la de (aunque no la haya perdido) Siento una gratitud a ultranza. ¡Brillo, José! (en los adentros) Bueno, y si sigo, más me vienen, pero
para no espantarte en seguida de habernos FB-amigos, me interrumpo acá.”
(Marta Bruno Singh)

¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
“Porque en tiempos de Twitter, de Facebook, de Yahoo, de Google, de cell phones, de Ipods y todas esas cosas, que parece que nos tocáramos y al mundo, pulsando teclas, me hace tan bien darme a las manos, al ritmo primario de amasar, al tiempo de levar, y al perfume del
pan recién horneado.” (Marta Bruno Singh)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque cuando cuento o escucho un cuento esa historia que es pasado se hace presente… compartido y nuevo.” (Adriana Ronchi Vaianella)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
“Porque cada cuento lleva parte de la historia de cada uno y a la vez una parte de la historia de todos.” (Kuky Amado)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
“Los cuentos son para aprender, para fantasear, para viajar, para gozar, para vivir… es un placer que nos pertenece a los seres humanos del cual no somos capaces de prescindir. Amasar pan es hacer el propio alimento, si los cuentos alimentan la mente, el pan alimenta el cuerpo y su olor llena nuestra nariz y su sabor acaricia el paladar. Y el baile ¿por qué bailar en estos tiempos? Porque a través del baile controlamos el cuerpo y lo dejamos libre al son de nuestro ritmo, de nuestra expresión. A través del baile dejamos vislumbrar una parte que está oculta, una parte que muchas veces no sabemos ni que tenemos. Y, como se suele decir: que nos queda más que la voz, que nos queda más que nuestro ser, nuestra pasión, nuestra esencia… (Ana Ponte)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Una pregunta difícil, pero ahí va… Un resumen con tres razones fundamentales: para ver salir el sol cada mañana, para disfrutar con la sonrisa de un bebé y para recibir miles de besos y abrazos cada día.
Ah, y por ver jugar al Barça… pero esta ya es una razón más subjetiva xDDDD”
(José Antonio Teodoro)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Si los tiempos corren, se agitan, se cansan. Si se agitan y se cansan se acelera la respiración. Por eso, es necesario detenerse a respirar profundo para poder, de a poquito, volver al ritmo normal.” “Además los tiempos no corren, Vuelan!" (Giselle Lalo)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“O temporai o morei” (Pili Fernández García)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Contar, amasar pan, bailar, respirar… para compartir. Cuando contamos intercambiamos emociones que empiezan en las palabras pero van más allá. Cuando amasamos pan hacemos algo más que cocinar, en nuestras manos concentramos toda nuestra energía y la regalamos una vez cocinado el pan. Cuando bailamos repartimos esa misma energía a nuestro alrededor y la contagiamos. Cuando respiramos… compartimos la vida. Sean cuales fueren los tiempos, parémonos un momento y miremos a nuestro alrededor… seguro que alguien respira con nosotros. Cuando le descubramos sabremos que ha valido la pena.”
“Ui, lo siento, es que he respondido las cuatro en una… llegué tarde…” (Susagna Navó)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Porque hace falta coger aire para que luego, al soltarlo, suene el clarinete.”
(Nono Granero Moya)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Porque no soy suicida”
“Porque sean tiempos de hormigas, de caracoles, de gorriones o de pulpo siempre respiraré, no soy suicida para no hacerlo. Estén parados, caminando, nadando o volando estos tiempos. Además respiro cada cuento.” (Armando Quintero Laplume)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Porque respirar en los tiempos que “no corren”, no tiene ningún mérito… los artistas damos el respiro en los tiempos que corren, asi que mañana saldré a trotar temprano a ver si alcanzo el
tiempos.” (Hanna Cuenca)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“En las preguntas está la respuesta” “es igual contar que hacer pan, una necesidad.”
(Sergio Martínez)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Primero porque si no respiro me muero y yo quiero vivir, corran o vuelen los tiempos yo tranquila respirando lenta, profundamente disfrutando, disfrutando es mucho y muy hermoso lo que me rodea.” (Liria Arroyuelo)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Sencillamente para invertir en la felicidad de los que amo (en estos tiempos se ha convertido en una prioridad que me hace supremamente feliz a mí también)” (Ángela María Zevallos Mendoza)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Porque es mejor estar viva para poder escuchar cuentos cada día en mi consultorio de psicología.” (Mariana Otero)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Para remover los aires” (Isabel Benito)

¿Por qué contar cuentos en los tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“a todas las preguntas: para sembrar.Para recoger…” (Noemí Caballer)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Porque si no, ¿cómo voy a oler las flores, el rocío de la mañana o las prendas que se secan al sol? ¿Cómo voy a oler la brisa marina, la hierba recién cortada o el olor de su pelo?” (Ana Ponte)
“o el caldo gallego que cocina mi suegra?” (Agrega Noemí Caballer)

¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
“Porque amo la vida corran los tiempos que corran, a respirar hondo y ponerle el cuerpo a lo que venga.” (Beatriz Monaco)

Después de todas estas respuestas puedo volver tranquilo a las mías.
¿Por qué contar cuentos en tiempos que corren?
¿Por qué amasar pan en los tiempos que corren?
¿Por qué bailar en los tiempos que corren?
¿Por qué respirar en los tiempos que corren?
Contar por contar.
Amasar pan por amasar pan.
Bailar por bailar.
Y respirar para poder hacer todas estas cosas y muchas más.

Muchas gracias a todos los que respondieron a estas preguntas.
Abrazos y besos

sábado, 14 de enero de 2012

EL ARTE DE CONTAR HISTORIAS DE VIVA VOZ EN TIEMPOS DE CRISIS.

Por un lado y por otro escuché decir que nuestro oficio de narradores orales, contadores de historias o cuentacuentos, está a piques de desaparecer. Que algo que empezó hace no muchos años está llegando a si fin. Que los cuentos contados de viva voz están en vías de extinción.
Yo creo que estamos en tiempos de crisis, en una época rara. Que los que nos dedicamos a esto de contar historias no sabemos de dónde vamos a sacar el dinero para los garbanzos. Pero justamente creo que, por lo raro de los tiempos que corren, nuestro arte está en alza.
Entiendo que las programaciones a las que estábamos acostumbrados están disminuyendo o desapareciendo, que los festivales no saben cómo sustentarse, que los bares están cerrando, que todo parece indicar que no quedará ni un hueco en donde contar.
Creo que lo que fue nuestro sustento está en la incertidumbre más absoluta y que los que no sabemos hacer muchas otras cosas probablemente terminemos de dependientes en el Corte Inglés o recurriendo a nuestras otras escasas habilidades para poder llevar un plato caliente a la mesa en estos tiempos de frío (extraño también el clima, por cierto)
Pero quizás sea el momento de pararnos a pensar porque contamos.
De detenernos y ver las caras de la gente escuchando en las pocas sesiones que tenemos.
Y de salir a la calle a buscar nuevos espacios, porque en los tiempos donde la extrañeza del cotidiano nos invade, una buena historia bien contada puede darnos un respiro.
Hay gente que quiere escuchar historias y hay gente que quiere contarlas. Entonces no se está extinguiendo nuestro arte, sino el sustento al que estábamos acostumbrados en los tiempos de vacas gordas.
Ahora las vacas estan flacas y se las lleva la brisa. Vuelan por el aire entre las amapolas y los girasoles (junto con las mariposas) , se cruzan y sonríen con las nubes…. Y esto alguien tiene que contarlo. Ahí estamos nosotros que con nuestra voz, nuestro gesto y nuestras emociones, dispuestos a viajar por otros mundos con quienes quieran acompañarnos, para luego volver renovados y con nuevas esperanzas.
Sé que esto suena romántico y contar por el placer de viajar no alimenta el cuerpo. Pero no olvidemos que nuestro oficio tiene mucho de alimentar el alma.

sábado, 7 de enero de 2012

Reflexiones del 7 de enero del 2012

Hay un momento en la vida, para algunos más temprano para otros más tarde, en el que una persona empieza a cuestionarse la verdadera identidad de los Reyes Magos.
Lamentablemente un día cualquiera, cercano o lejano al 6 de enero, uno se entera de la dichosa verdad. O por lo menos de esa que es voz pópuli “Los reyes magos son los padres”.
Algunas personas deciden mantenerse en la ignorancia y pasar un par de noche de reyes más haciéndose las despistadas, para poder seguir viviendo esa noche con la misma ilusión, o para no decepcionar a los reales reyes magos (valga la redundancia), que con tanta ilusión hacen de puntillas recorridos por toda la casa, buscan escondites nuevos cada vez. Esos que beben la bebida a la salud de Melchor, Gaspar y Baltasar y comen la hierba en honor a los camellos que los desplazan (ante la terrible sospecha de estar a punto de ser descubiertos).
Tarde o temprano asumimos que los Reyes Magos no son tres, no viven en oriente, no saben conducir camellos, que no son reyes y, lo peor de todo, que no son magos.
Desde ese momento pasamos de la euforia y el desasosiego que nos provoca la proximidad del 6 de enero, a la absoluta apatía, pasando por el escepticismo. En algunos casos para no perder la ilusión por completo algunas personas adultas se aprovechan de ciertas excusas que nos ofrece la vida como “como hay niños pequeños en la familia… ”.
durante los años siguientes los sustitutos de los Reyes Magos y sus pajes hacen lo que pueden para que no perdamos la ilusión. Pero en muchos casos este trabajo es en vano.
Descubrir la verdadera identidad de los Reyes Magos nos marca el comienzo de un camino hacia
la seriedad, los problemas necesarios para crecer, la toma de decisiones importantes, la madurez. En otras palabras nos marca, de una manera u otra, el comienzo de un camino que no lleva a la vida adulta.
Pero un día cercano al 6 de enero, ya con canas en la cabeza, nos descubrimos esperando el momento de despertar, de mirar que hay en las cercanías de nuestro zapatos, de disfrutar los reyes por nosotros mismos, sin excusas, sin miedo a que se rían de nosotros por creer una vez más en algo que según dicen los mayores (menores que nosotros) no existe.
Entonces vuelve la ilusión de pensar que los Reyes Magos son tres, viven en oriente, saben conducir camellos, que son reyes y, lo mejor de todo, que son magos y están dispuestos a sorprendernos una y otra vez en cualquier momento de nuestras vidas haciendo que nuestros deseos se conviertan en realidad.
En es momento descubrimos la verdadera identidad de los Reyes Magos.
José Campanari (52 años)

martes, 26 de abril de 2011

Una persona con consciencia escénica

“Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral. Sin embargo, cuando hablamos de teatro no queremos decir exactamente eso. Telones rojos, focos, verso libre, risa, oscuridad, se superponen confusamente en una desordenada imagen que se expresa con una palabra útil para muchas cosas…. “ Esto y muchas cosas más dice Peter Brook en su libro EL ESPACIO VACÍO.
Esto vino hoy a mi cabeza mientras veía dos cortos de danza contemporánea en la plaza de Cervantes en Santiago de Compostela. Tanto Helen Bertels como David Loria generaron, cada uno en su solo, un espacio escénico y un acto teatral. Los turistas, los paseantes, los oficinistas, la señora con su carro de la compra y un sin fín de personas atravesaron ese espacio, mientras los intérpretes estaban sumergidos en su representación. Algunos, inconscientes de formar parte de un hecho artístico, pasaban con sus cuerpos relajados, con su destino bien marcado, con una involuntaria tranquilidad ante el espectador. Sin embargo otros, muy molestos, o no tanto, por ver interrumpido su camino habitual o el deseado en ese momento, atravesaban ese escenario con cierta intranquilidad que les generaba el ser observados.
Curiosamente los yonquis habituales de dicha plaza, respetaban el espacio escénico desde lo físico, marcando un límite que no se debía atravesar, a pesar de su activa participación con comentarios y aplausos fuera de lugar (visto desde el punto de vista de un público culto asistente a un acto cultural y no desde el mio)
Desde que empecé a contar historias aparece la inevitable pregunta: ¿Interpreta un personaje la persona que cuenta historias?
Hace poco tiempo he llegado a la conclusión que la persona que cuenta no interpreta un personaje sino que es una persona que se encuentra con el público en un estado de consciencia escénica. Digamos que es como estos paseantes que atravesaban la escena sabiendo que eran mirados y que sentían cierto gusanillo interior que los hacía reaccionar de una manera diferente a la que reaccionan en su habitual paso por la plaza de Cervantes.
Claro que el narrador es un paseante profesional, a quien esta situación de estar expuesto ante un público no le resulta casual ni inesperada, por lo cual es parte de su tarea de formación profesional trabajar ese estado de consciencia escénica que luego podrá aplicar a cualquier espacio donde desarrolle su arte. Porque, como dice Peter Brook: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral….”